domingo, 15 de febrero de 2015

Ana María Antonia de Soto. La heroína española de la Infantería de Marina

Como no también hubo mujeres valientes y que lucharon con gran patriotismo, este es el caso de Ana María Antonio de Soto que se enroló haciéndose pasar por hombre para alistarse en la infantería de Marina, luchando en una batalla junto a otro grande Martín Álvarez. Su figura está siendo desde hace años bastante mencionada, a veces por el tema de la igualdad e incluso por alguna feminista, éstas afortunadamente no han tenido eco.


Marcó un hito y casi una odisea, ya que una mujer viviendo y combatiendo en un buque de guerra sin ser descubierta, con las duras condiciones de vida en aquellos barcos llenos de hombres tiene su mérito. Es el caso de una mujer que se alistó en dicho cuerpo, haciéndose pasar por hombre. Además era coetánea de Martín Álvarez, luchando al igual que él en San Vicente.




El 26 de junio de 1793 y pasándose por hombre, sentaba plaza de voluntario de Infantería de Marina, en la Sexta Compañía del XI Batallón, quien respondía al nombre de Antonio María de Soto, natural de la villa de Aguilar (Córdoba), a la edad de 16 años, mínima para estos casos. En su asiento figuraba ser hijo de Tomás y tener el pelo castaño y los ojos pardos.

Con motivo de la guerra con Francia, el 4 de Enero de 1794, Soto se embarcó en la fragata Mercedes, de 34 cañones, realizando diversas campañas de escolta y vigilancia de las costas españolas para, finalmente, dirigirse a Rosas, sitiada por los franceses que acababan de conquistar Figueras sin encontrar resistencia. A la llegada y con la protección artillera de la flota de Gravina, el batallón de Soto desembarcó uniéndose al grupo de soldados que, heroicamente, defendían la plaza, hasta que la situación se hizo insostenible teniendo que retirarse y reembarcar nuevamente, dirigiendo Gravina la evacuación. En esta su primera acción militar, destacó por su valor y sacrificio.

En 1796, su buque la "Mercedes"  fue asignada a la flota de don Juan de Lángara hasta que, declarada la guerra a Inglaterra, se unió a la escuadra bajo el mando del teniente general don José de Córdoba y Ramos que enarbolaba su insignia en el Santisima Trinidad, el mayor barco del mundo, de 130 cañones y el único de cuatro puentes; la escuadra zarpó de Cartagena el 1 de febrero de 1797 para  enfrentarse a la inglesa mandada por el almirante sir John Jervis y en la que figuraba el navío Captain mandado por el comodoro Nelson. Ambas se encontraron el 14 de febrero de 1797 a la altura del cabo San Vicente, sin que además de otras graves deficiencias y errores, la española nunca logró estar debidamente formada en línea de combate, causas principales del desastre naval que nos costó la pérdida de varios navíos, unos 300 muertos, alrededor de 1500 heridos y 3000 prisioneros, mientras los ingleses sólo tuvieron 75 muertos y 325 heridos aproximadamente. Los restos de la escuadra pudo refugiarse en Cádiz, donde se procedió a las carena de los navíos más perjudicados, entre ellos la fragata Mercedes, aunque no consta que sufriera bajas. Jervis fue premiado con el título de Conde de San Vicente y Nelson fue ascendido a Contralmirante, mientras que Córdoba fue inhabilitado y privado de su cargo, restituyéndose en la mando de la armada a Mazarredo que, una vez rearmados los navíos, levantó el cerco de Cádiz que sostenía Jervis. En estas acciones intervino Soto como infante de la Mercedes, que al ser enviada en febrero de 1798 con tropas a Venezuela, su batallón fue embarcado en la fragata Matilde que también había intervenido en la batalla del cabo San Vicente; pero apenas incorporado, Soto fue atacado por unas fiebres altísimas que requirieron un concienzudo reconocimiento médico, durante el cual, inevitablemente, afloró la condición de su verdadera naturaleza, descubriéndose con sorpresa que se trataba de una mujer, situación que la obligó a declarar que su verdadero nombre era Ana María Antonia de Soto. Enviado el preceptivo informe a las autoridades de la Marina, y una vez curada del mal que padecía, el almirante Mazarredo ordenó el 7 de Julio de 1798 su inmediato desembarco, a la espera de lo que, al respecto, dispusiera Su Majestad Carlos IV sobre caso tan singular que por primera vez se daba en la historia de la Infantería de la Marina Española, consignándose en el despacho que en el tiempo que ha servido se ha hallado en el ataque de Bañuls, en Cataluña, en la defensa y abandono de Rosas y en el combate naval del día 14 de febrero de 1797, como en diferentes acciones de las lanchas cañoneras y demás fuerzas sutiles de Cádiz contra los ataques de los enemigos.

 Sus destinos fueron muy diversos y en todos actuó con eficacia, disciplina y abnegación. Embarcó en las fragatas "Mercedes", participando en el combate naval de San Vicente, y "Matilde" y luchó en Aljama, Bañuls y Rosas, y en 1797 formó parte de la guarnición de las famosas cañoneras de Barceló, que con otras fuerzas sutiles defendieron Cádiz.

Pese a que su comportamiento siempre había sido ejemplar, no hubiese saltado a la fama y a la historia cuando en 1.798, después de cinco años y cuatro meses de servicio, dispuso el Almirante Mazarredo, el desembarco del soldado voluntario de Infantería de Marina, Antonio María de Soto, a quien como consecuencia de un reconocimiento médico por unas fiebres que padecía, se había descubierto que se trataba de una mujer y que, en realidad se llamaba Ana María Antonia de Soto, y no sólo la concedieron una licencia honrosa, sino el premio que correspondía a su patriótico e inusual proceder.

Por la Real Orden de 4 de diciembre de 1798 se le concedía el grado y sueldo de sargento primero de Batallones, y por otra de 24 de julio del año siguiente, "en atención a la heroicidad de esta mujer, la acrisolada conducta y singulares costumbres con que se ha comportado durante el tiempo de sus apreciables servicios...", se le otorgaban dos reales diarios por vía de pensión y "que en los trajes propios de su sexo pueda usar de los colores del uniforme de Marina como distintivo militar".


Y poco más se sabe de ella. Una pena que no le contara su historia a alguien, como sí hizo Catalina de Erauso, por mencionar a otra mujer de armas. Sí se conoce que hacia 1809, en plena guerra de la Independencia, le racanearon la pensión. Y que en Montilla al parecer regentó un estanco, cuya licencia le fue arrebatada injustamente en 1819 en época del ominoso Fernando VII. Ignoro si esta mujer es recordada por los actuales infantes de Marina , entre los que se cuentan no pocas mujeres. Espero que sí. Sería bonito que un buque llevara su nombre, ya sea pequeño o grande llevara su nombre. Pero en fin son tantos los héroes que merecerían buques y cuarteles, que siempre se les olvida. Algún día habrá que realizar recopilaciones de todos los héroes de cada época y arma de nuestros ejércitos.

Planes españoles para invadir Australia

Me sorprendió hace 2 días ver este noticia en "ABC" en su sección histórica, se ha empezado a correr por la red, la noticia es real solo falta que se muestren esos archivos españoles de los que se habla, sino es así quedará en un simple plan que hubo en varias mentes o en sus correspondencias. La operación lamentablemente no se llevó acabo, por las circunstancias políticas y la incompetencia de varios ministros de Carlos IV, como Godoy o el propio monarca. También por los tratados con Napoleón y la guerra de Independencia, más la progresiva desprofesionalización y cierto abandono que a lo largo de este reinado sufrieron las fuerzas militares españolas. Puede asegurarse, que tenía muchas posibilidades de haber salido bien y junto a los posiciones de Filipinas, teniendo prácticamente la mayor parte de América a nuestro control, hubiera frenado las expansiones inglesas en el Pacífico. Pues los militares, que se encargarían de ello tenían prestigio. Os dejo el artículo integro, pues no tiene nada de desperdicio.

Novedades sobre el tema:  hace unos días vi que Chris Maxworthy escribió un comentario al respecto en un español más o menos decente en el blog de Historia Naval de ABC "Espejo de navegantes" el 29 de enero, se sobreentiende que entiende bien el español. Pues explica que dedicó varios días de investigación y encontró los citados archivos en uno de los mejores archivos navales del mundo el del palacio del Viso del Marqués, en Ciudad Real. Que para quien no lo sepa es un magnifico palacio renacentista, con frescos de la calidad del Renacimiento italiano y mejor aún fue la casa aunque por muy poco del mejor marino de la historia de España, Álvaro de Bazán. Actualmente está muy bien conservada y es un Museo de la Armada Española, el precio es barato y merece la pena visitarlo si o sí. Y dejando esta obligada mención al palacio, Maxworthy señala que la fecha en que el plan estuvo más cerca de cumplirse según la documentación fue en 1796, en que Bustamente se trasladó a Montevideo. Para a su vez, repeler las amenazas inglesas que se cernían sobre Sudamérica, por culpa de las alianzas con la Francia Napoleónica y al provocar estás un desgaste la operación se fue posponiendo hasta quedarse en el tintero. No me llama la atención que un marino de Armada australiana como él, haya tenido que venir a España a encontrar este hecho desconocido y casi oculto. Pues en España la historiografía mediocre, que domina las universidades se centra solo en aspectos osciales y de lo peor de nuestra Historia. Siendo contados los universitarios que hacen lo contrario a estas líneas oficiales. Siendo muchos historiadores de calidad independientes, militares o hasta periodistas como Carlos Canales, que ha hecho grandes trabajos de Historia.

Descubren que España planeó invadir Australia con una gigantesca flota en 1793

El investigador Chris Maxworthy afirma que Carlos IV ordenó construir más de 100 navíos para asaltar la región

Por tierra y mar y desde las Américas hasta las tierras del continente europeo. A lo largo de los siglos, los soldados españoles han combatido a lo largo y ancho del globo y contra todo tipo de enemigos (desde nativos en las Indias, hasta samuráis en Asia). Sin embargo, siempre ha existido una región que parecía olvidada por los libros de Historia de nuestro país: Australia.
Al menos eso es lo que se pensaba hasta la llegada del investigador Chris Maxworthy, perteneciente a la Asociación Australiana para la Historia Marítima. Y es que -según afirma la versión digital del diario «Daily Telegraph»-, este experto ha descubierto una serie de documentos en los archivos de la marina de nuestro país que atestiguan que, en 1793, Carlos IV ideó un plan para asaltar Australia con una armada de más de 100 navíos. ¿El objetivo? Arrebatársela a los presuntuosos lords británicos y conseguir «llevar la lucha contra los británicos al Pacífico», según se puede leer en los susodichos documentos.

A sangre y fuego

Este curioso plan tomó forma más una década después de que, en 1780, el capitán James Cook –de la Royal Navy- tomara posesión de la región en nombre de Gran Bretaña. A su vez, se planeó una vez que, en 1788, los británicos decidieran convertir la isla en una colonia penal a la que llevar los miles de presos que copaban las prisiones de su país.
«El plan era atacar Sydney desde las colonias españolas en América del Sur con una flota de 100 buques de tamaño medio», señala el investigador en declaraciones recogidas por el diario británico. La finalidad, como explica el propio Maxworthy, era luchar por la supremacía del Pacífco contra los ingleses invadiendo la región y lograr, de esta forma, que no fuese utilizada para causar daños a los intereses comerciales que nuestro país tenía en las Américas y Filipinas.
A su vez, los documentos hacen referencia a la recomendación de usar munición incendiaria para lograr minar la moral de los británicos (a base, nunca mejor dicho, de sangre y fuego). «El objetivo era que los británicos entregaran totalmente Australia y luego expulsarles de aquella tierra. La munición «al rojo» se iba a usar no sólo para destruir los objetivos enemigos situados en tierra, sino también para producir incendios en los múltiples edificios de madera y generar pánico», destaca el experto.

Un plan que no se llevó a cabo

El plan español para tomar esta región no fue el único con patente europea. De hecho, los holandeses y los franceses ya ansiaban por aquel entonces sentar sus posaderas en esa deseada tierra del Pacífico Sur. Sin embargo, abandonaron sus planes por ser extremadamente dificultosos y por considerar que Australia no era todo lo idónea que debía ser.
 
José de Bustamante
El plan español, por el contrario, siguió activo durante varios años. Concretamente, se creó después de que el comandante italiano al servicio de España, Alejandro Malaspina, informara al Gobierno de que Gran Bretaña no sólo pretendía llenar Australia de convictos, sino que también buscaba utilizar la región con fines comerciales. A su vez, explicó al monarca español que la colonia podía ser utilizada como base para lanzar un ataque contra los territorios españoles.
Malaspina recibió el apoyo de su segundo en la expedición, José de Bustamante y Guerra, quien –según los documentos encontrados– fue el que propuso la invasión militar a Carlos IV. Al monarca debió gustarle la idea, pues envió a este marino a Montevideo para que comenzara a dar forma a una gigantesca flota con la que asaltar la región. «Bustamante fue el encargado de defender América del Sur de una invasión británica y llevar la lucha a los británicos en el Pacífico», añade el experto.
Tras la salida a la luz de estos documentos, algunos historiadores se han atrevido a afirmar que los españoles llegaron a conquistar la colonia durante un breve periodo de tiempo, hasta que volvió a ser retomada por los británicos. Fuera como fuese, lo único cierto es que el plan fue cayendo en el olvido hasta que, por una causa u otra, se abandonó.

Martín Alvarez. Otro gran héroe español de la Armada casi desconocido

Fue un granadero de infantería de Marina de finales del siglo XVIII, aparte de un gran soldado que luchó por la integridad del imperio español contra los piratas ingleses. Una anécdota es que lamentablemente actualmente ningún buque lleva el nombre de este hombre desde 1995 en que fue retirado el buque de desembarco L-12, esperemos que este periodo de olvido acaba pronto y le pongan el nombre aunque sea a un patrullero. Os dejo esta soberbia biografía realizado por una de las mejores revistas web de Historia Naval en español, "Todo a Babor".

El granadero Martín Álvarez 

Agradecimiento especial a Javier Galván Campano por el envío de la mayor parte de la información.
Nació Martín Álvarez en Montemolín (Badajoz) en 1766. Era hijo único del matrimonio de Pedro Álvarez y Benita Galán. El señor Pedro Álvarez carretero por herencia iba de ordinario de Montemolín a Olivenza y Badajoz. Su mujer, Benita Galán, era hija de un antiguo soldado que en muchas batallas había derramado su sangre defendiendo la causa de Felipe V.
En las largas noches de invierno, sentados a la lumbre, la madre de Martín, durante las largas ausencias de su marido, contaba al niño hechos ocurridos a su padre, que llegó hasta el grado de Sargento en las tropas de Felipe V, habiendo de retirarse del Ejército al perder un brazo en la toma de Badajoz, ocupada por los ingleses, portugueses y austríacos.
Desde los 16 años Martín acompañaba a su padre en algunos viajes a Olivenza y Badajoz. En uno de estos tuvieron un encuentro con la banda que dirigía el capitán Bruno.
Muy temprano salieron Martín y su padre, al que los conocidos llamaban “tío Pedro” en uno de los viajes y hallándose el padre dormido sobre el carro mientras Martín cantaba montado en una de las mulas que tiraban del carro al internarse el camino por entre un pinar, un hombre a caballo le salió al paso diciendo –la bolsa o la vida-. Salta Martín de la mula y coge dos piedras mientras el de a caballo le apuntaba con una pistola y le dice: - Procura hacer buena puntería pues como falles el tiro eres hombre muerto -. En esto se despierta el padre a la vez que por el pinar llega el Sr. Bruno con dos hombres más a caballo y conociendo que se trataba del tío Pedro, le dice al primer bandolero: - Guarda la pistola Zurdo, que ahora no es menester -. Y acercándose al tío Pedro le dice: - ¡saque la bota tío Pedro!. ¿Qué novedades hay por el pueblo?. Perdona el susto pero es que el Zurdo es nuevo en la partida -. Y mirando a Martín le dice: -¿Y a todo esto que pensaba hacer el jovencito para defenderse? -. A lo que Martín contesta: - Lo que hiciera cualquier hombre honrado a quien intentan quitarle lo único que tiene, defenderme y si es preciso hasta perder la vida -. A lo que contesta el capitán Bruno: - ¡Bravo!, Tío Pedro. Qué lastima que su hijo en vez de carretero no se dedicar a la milicia, le pronostico que había de ser un buen soldado -. Y contesta el tío Pedro: - Eso es lo que hace falta Sr. Bruno, que a los cuentos que su madre le tiene metidos en la cabezale venga usted diciendo eso -. Marcharon los bandoleros sin molestarles y continuó el viaje sin dejar de pensar Martín en la conveniencia de hacerse soldado.
Muerto el padre siguió Martín con el oficio de carretero, comenzó a enamorarse de María, hija del mesonero Antonio Gil, del mesón nuevo de Montemolín y de Nicolasa Benklar, hija de un alemán, la cual no estaba de acuerdo con los amores de Martín y en cambio quería casar a su hija con Jaime, hijo del molinero,y más rico que Martín.
A la vuelta de uno de los viajes se encuentra Martín con la doble triste noticia del fallecimiento de su madre y del casamiento casi forzado de María con Jaime. Entonces decide hacerse soldado.
Va a Sevilla donde muestra sus deseos de alistarse en un regimiento de caballería, pero topa con los de la Armada. ¿Qué hacían alistadores de la Armada en Sevilla?. Por aquel entonces los batallones de Infantería de Marina tenían en Sevilla, Granada y otras capitales destacadas partidas de hombres que eran bien pagados, tenían buena presencia y lucían sus lustrosos uniformes para intentar captar voluntarios para la Armada; en Sevilla había un pequeño destacamento de reclutación compuesto por un Capitán, un sargento, dos cabos y doce granaderos escogidos, uno de los cuales era Lucas García, granadero de marina, el cual vestía con arrogancia una buena casaca azul turquí, con solapa encarnada vuelta hacia fuera, calzón azul, charreteras encarnadas, gorra de pelo con manga grana terminada en borla amarilla, cuyo uniforme lucía adoptando un aire marcial que impresionaba.

Quedó encantado Martín con su nuevo amigo Lucas García, pero este viendo la preferencia de Martín por servir en caballería, para no decepcionar e impresionar al aspirante, llamaba a su Regimiento "Los Dragones del Viento" y a sus barcos, caballos con nombres de Santos.

Así pasó a ser soldado de la Tercera Compañía del Noveno Batallón de la Infantería de Marina, un 26 de abril de 1790, dando su talla cinco pies y siete pulgadas.
De Sevilla marchó a Cádiz. Tras la instrucción y una temporada de vigilancia en los Asenales, el 16 de septiembre de 1792 embarca como soldado en el navío “Gallardo”, de 74 cañones, pasando de Cádiz a Cartagena.
El año 1793 España e Inglaterra estaban aliadas en guerra con Francia donde Robespierre y sus secuaces artífices de la Revolución Francesa habían dado muerte a Luis XVI, con quién los soberanos de España e Inglaterra tenían tratados de amistad. El Teniente General de la Marina D. Francisco de Borja fue encargado de mandar la Escuadra que debía salir de Cartagena. Desde allí se dirigió a Barcelona como centro de operaciones para el bloqueo de las costas de Francia. En un mensaje del Almirante inglés Hood que bloqueaba Marsella y Tolón pedía seis buques españoles para que le auxiliasen y uno de los enviados fue el "Gallardo" donde servía Martín Álvarez. Cuando llegó este refuerzo ya los españoles e ingleses habían tomado Tolóny puesto por gobernador de aquella plaza al heroico militar D. Federico Gravina. Entusiasmó de tal modo esta victoria de los españoles que D. Francisco de Borja decidió desalojar a los franceses de las islas de San Pedro y San Antíoco al Sur de Cerdeña tomadas por los franceses. Allí se encaminó el “Gallardo” y conseguido esto se volvió de nuevo a Cartagena.
El año 1794 figura Martín Álvarez en la lista de la tropa nombrada para transbordar al “San Carlos” en un viaje a las Antillas para convoyar a los buques y transportes que conducían gentes y pertrechos para la defensa de las Antillas.
granadero de marina
  • Granadero de Infantería de Marina de la Real Armada española de fines del XVIII. Los granaderos eran soldados de infantería de marina escogidos y que luchaban siempre en primera línea, abriendo camino con sus granadas a los fusileros.
En 1796 figura en la guarnición del navío “Santa Ana”, de 112 cañones. Pasa después a la guarnición del “Príncipe de Asturias”, también de tres puentes y 112 cañones, y el 1 de febrero de 1797 pasó al “San Nicolás de Bari”, de 74 cañones, al mando del Capitán de Navío D. Tomás Geraldino, que se hizo a la mar con la Escuadra que desde Cartagena hizo rumbo a Málaga y al Atlántico donde debía recibir un gran convoy.
Cuenta el General Bermúdez de Castro en su publicación de “Combate naval del Cabo de San Vicente y el granadero Martín Álvarez” que encontrándose en Gibraltar a donde había ido con motivo de la Exposición de la Marina del año 1885, vio entre los cañones tomados por los ingleses en Aboukir, Trafalgar y San Vicente, uno que era una verdadera joya, de bronce, con un precioso cascabel con dos delfines en sus asas, y esculpido el escudo de España con el “Carolus III”. Un oficial inglés que le acompañaba le dijo: “Del San Nicolás, en la batalla del Cabo de San Vicente”.
Vio asimismo en la casamata donde se encontraba el cañón una plancha de hierro donde figuraba escrito un texto en Inglés que traducido por el oficial al Castellano decía: “14 de febrero de 1797.-Batalla Naval del Cabo de San Vicente. ¡Hip Capitán! ¡Hip San Nicolás! ¡Hip Martín Álvarez!".
Dice el General Bermúdez de Castro que en su ignorancia creyó que el San Nicolás sería el Santo del día, y el Martín Álvarez algún español que se había distinguido como capitán al servicio de Inglaterra.
Ante la expresión dubitativa del general Bermúdez de Castro, entonces con el grado de Teniente de Marina, el oficial que le acompañaba, prometió mandarle una crónica de la batalla con quién tenía relación aquel cañón. El oficial se llamaba Sir John Butler.
En esta época de fines del siglo XVIII, año 1797, España tenía concertada una alianza ofensiva y defensiva con el Directorio francés por el tratado de San Ildefonso.
La crónica del oficial inglés relataba la batalla, y al llegar a la parte que nos interesa decía:
  • “../..Pero en el barco español “San Nicolás de Bari” queda algo por conquistar. Sobre la toldilla arbola la bandera española que flota al viento cual si todavía el barco no se hubiese rendido. Un oficial inglés que lo observa va a ella para arriar la bandera. Antes de llegar un soldado español, de centinela en aquel lugar, sin apartarse de su puesto, le da el alto, el oficial no le hace caso y se acerca, el sable del centinela lo atraviesa con tal fuerza que lo queda clavado en la madera de un mamparo. Un nuevo oficial y soldados se acercan y el centinela no logrando desasir su sable de donde se hallaba pinchado, coge el fusil a modo de maza y con él da muerte a otro oficial y hiere a dos soldados. Da después un salto desde la toldilla para caer sobre el alcázar de popa donde lo acribillan a tiros los ingleses. Nelson que ha presenciado la escena se aproxima al cadáver silencioso.Urge desembarazar los barcos de muertos y ruina y se comienza a dar sepultura a los muertos. Todos tienen el mismo trato. Una bala atada a los pies. Un responso del capellán y por una tabla deslizanse hundiéndose en el mar. Al llegar al turno al centinela español, Nelson ordena que se le envuelva en la bandera que había defendido con tanto ardor.
A Nelson se debe que el nombre de este granadero Martín Álvarez no quedase en el anonimato y figure en la casamata que se encuentra en Gibraltar, un cañón de su barco.
Los ingleses comprueban que el centinela Martín Álvarez no estaba muerto, sino mal herido. Lo curan, lo llevan a Lagos, en el Algarve al sur de Portugal y le dan pasaporte para volver a España, aunque desde otras fuentes se indica que escapó de dicho internamiento.
Desde Lagos, dice Arnao viajó a Montemolín y luego a Sevilla y posteriormente a Cádiz para testificar en la causa instruida para la averiguación de la conducta del comandante y los oficiales del “San Nicolás de Bari” lo mismo que de los demás buques en el desastre del Cabo de San Vicente.
Su Majestad el Rey confió el papel de Fiscal de la causa al Mayor General de la Armada D. Manuel Nuñez Gaona.
En el interrogatorio de Martín Álvarez se dijo lo siguiente:
  • El General Núñez: - ¿Se encontraba en el navío “San Nicolás de Bari” con ocasión de rendirse este barco a los ingleses?-.

    Martín: - Yo no he estado nunca en el “San Nicolás de Bari” en ocasión de rendirse a los ingleses.

    El Fiscal: - ¿No te encontrabas en el “San Nicolás de Bari” el 14 de febrero?-.

    Martín:-Sí señor­-.

    El Fiscal: ­-¿Y no fuiste después a poder de los ingleses?-.

    Martín:- Si señor-.

    El Fiscal: - Entonces, ¿por qué niegas haber estado en el “San Nicolás de Bari” con ocasión de redirse a los ingleses?.

    Martín: - Porque el “San Nicolás de Bari” no se rindió, sino que fue abordado y tomado a sangre y fuego-.

    El Fiscal: - ¿Y a qué llamáis entonces rendirse?-.

    Martín: - Yo creo, que no habiendo ningún español cuando se arrió su bandera, mal pudieron haber capitulado.

    El Fiscal: -¿Pues donde estaba la tripulación?-.

    Martín: - Toda se hallaba muerta o malherida-.
Tras la investigación sumaria que se instruyó por el combate el Fiscal se expresa:
  • "No puedo pasar en silencio la gallardía del granadero de Marina Martín Álvarez, perteneciente a la tercera compañía del noveno batallón, pues hallándose en la toldilla del navío San Nicolás cuando fue abordado, atravesó con tal impetu al primer Oficial inglés que entró por aquel sitio que al salirle la punta del sable por la espalda la clavó tan fuertemente contra el mamparo de un camarote, que no pudiendo librarla con prontitud, y por desasir su sable, que no quería abandonar, dió tiempo a que cayera sobre el el grueso de enemigos con espada en mano y a que lo hirieran en la cabeza, en cuya situación se arrojó al alcazar librándose, con un veloz salto, de sus perseguidores".
Por los méritos recogidos en la batalla, se le quiso como premio ascender a cabo, impidiéndolo su analfabetismo, aprendió a leer y escribir en pocos meses y fue nombrado cabo el 17 de febrero de 1798 y en agosto de ese mismo año cabo primero, al poco embarca en el navío "Purísima Concepción" de 112 cañones de la escuadra de Mazarredo y parte hacia Brest (Francia), al unirse en Cádiz con la escuadra española y la francesa de Bruix.
El 12 de noviembre llegó una urca destinada a la correspondencia, y una de las cartas era un escrito oficial que se refería a Martín, entoncés se izó una bandera encarnada como señal infalible de algo extraordinario, e inmediatamente fue comunicada la orden para que toda la guarnición y tripulación del navío formase sobre cubierta, se adelantó el comandante del "Concepción" y mandó salir de la formación al Cabo Primero de granaderos Martín Álvarez, se leyó un Decreto Real por el cual se le concedía cuatro escudos mensuales como pensión vitalicia. A su vez ostentó en el brazo izquierdo el escudo de premio que llevaban los indivíduos de la clase de tropa por acciones distinguidas de guerra.
  • "El Rey nuestro señor, ha visto con satisfacción el denodado arrojo y valentía con que se portó a bordo del navío San Nicolás de Bari, el granadero de la 3ª Compañía del 9º Btallón de Marina MArtín Álvarez, cuando el 14 de febrero de 1797 fue dicho buque abordado por tres navíos ingleses;pues habiendo Alvarez iimpedido por algún tiempo la entrada a un trozo de abordaje, supo también defender la bandera que el Brigadier D. Tomás Geraldino le había confiado antes de su muerte, y con su valor hizo de modo que aquella se mantuviese arbolada aun después de todo el grueso de los enemigos tenían coronado su navío. Teniendo también S.M. en consideración de la honrada conducta que en el servicio observa Martín, se ha servido concederle 4 escudos mensuales por vía de pensión vitalicia, en premio de su bizarro comportamiento; y es su real voluntad que se les haga saber esta benébola y soberana disposición, al frente de toda la tripulación y guarnición del navío donde se halle embarcado".
Estando la escuadra del General Mazarredo en Brest (Francia) en cumplimiento de los planes de Napoleón, una mañana en que Martín Álvarez estaba de guardia en el navío “Concepción”, sufrió una accidental caída, dándose un fuerte golpe en el pecho por lo que hubieron de desembarcarlo e ingresarlo en el Hospital de Brest, donde falleció el 23 de febrero de 1801.
Como recuerdo a este héroe, la Armada, en una Real Orden de 12 de diciembre de 1848, dispuso que permanentemente un buque llevase el nombre de este glorioso marino.
En 1936 se inauguró un paseo en Montemolín, su pueblo natal, con una estatua del heroico marino a cuyo acto asistieron el Gobernador Civil, el Obispo de la Diócesis, el Almirante Bastarrechey una compañía de Guardias Marinas de San Fernando, con banda , que desfiló por la población.
monumento en Montemolin
  • Monumento a Martín Álvarez en el pueblo donde nació, Montemolín (Badajoz), 1766.
  • Basado en:

    Novela histórica “Martín Álvarez” de D. José de Arnao y Bernal, Comandante de Infantería de Marina. Editado por la Biblioteca de Camarote de la Revista General de Marina.

    Publicación “Batalla Naval del Cabo de San Vicente y el granadero Martín Álvarez” del General Bermúdez de Castro.

    Trabajos realizados por D. Horacio Mota Arévalo, ilustre médico de Montemolín.

    Las notas de los primeros años de vida de Martín Álvarez son exactos, y los debemos a la curiosidad del entendido abogado D. Ramón Viu, quien procuró informarse de estos antecedentes, cuando, en 1848, dispuso S.M. se eternizase en la Armada la memoria de este granadero.
Real Orden de 12 de diciembre de 1848.R. O.de 12 de diciembre de 1848. Resolviendo que haya perpetuamente en la Armada un buque que se denomine “Martín Álvarez”.
  • Excmo. Sr.la Reina Nuestra Señora, de conformidad con el parecer emitido por V.E en su comunicación 1354 de fecha 5 del corriente mes, referente a la propuesta del Mayor General, se ha dignado resolver que en lo sucesivo haya perpetuamente en la Armada un buque del porte de 10 cañones para abajo que se denomine Martín Álvarez, para constante memoria del granadero de Marina del mismo nombre perteneciente a la 3ª Compañía del 9º Batallón, que hallándose embarcado en el navío San Nicolás se distinguió por su bizarría sobre la toldilla del mismo el 14 de febrero de 1797, al rechazar el abordaje de un buque inglés de igual clase, el Capitán, donde arbolaba su insignia el Comodoro Nelson; siendo en consecuencia la Real voluntad que desde luego lleve el referido nombre la goleta Dolorcitas.
  • Quiere al mimo tiempo S.M. que esta soberana resolución se lea al frente de banderas a los batallones de Marina, como premio debido al mérito que contrajo aquel valiente soldado cuya memoria debe ser eterna en los anales del Cuerpo al que perteneció.
  • De Real Orden le digo a V.E. a los fines consiguientes y en contestación.
  • Dios Guarde a V.E. muchos años.
  • Madrid 12 de Diciembre de 1848. El Marqués de Molins.
  • Sr. Subdirector General de la Armada.
Buques de la Armada española que han llevado el nombre de "Martín Álvarez".
  • La goleta “Dolorcitas”, de 7 cañones, fue llamada “Martín Álvarez” (1849-1850), naufragó en la costa de Burdeos (Francia).
  • Falucho Guardacostas de 1ª clase “Martín Álvarez”.
  • Cañonero de hélice de 207 toneladas “Martín Álvarez”. (1871-1876). Construido en La Habana. Disponía de un cañón y máquina de 30 CVn. Utilizado por el Servicio en Cuba. Pereció en el Río Canto.
  • Cañonero de hélice de 173 toneladas “Martín Álvarez”. (1878-1882). Prestó servicio en Filipinas.
  • Buque de desembarco (L-12) “Martín Álvarez”. (1971-1995). Construido en los Astilleros de Cristy Corporation de EE.UU. El 15 de junio de 1954 con el nombre de “Wexford Contry” (LST-1168). Fue entregado a la Armada Española por los Estados Unidos, el 29 de Octubre de 1971 en la base naval de San Diego (California).

 

 

sábado, 14 de febrero de 2015

"La cabina" (pelicula completa). El cortometraje español más exitoso de la historia

De nuevo recordando el cine de calidad español de los 70, me he acordado de "La Cabina", aunque para muchos ahora es desconocida, en su día fue exitosa a nivel mundial, quedando en el recuerdo de varias generaciones. Como anécdotas hay que destacar que ha sido la única película española que ha ganado un Emmy y que solo costó 4 millones de pesetas realizarla, o sea casi que recuperado el dinero más acabarla y un gran ejemplo de rentabilidad. Es considerada prácticamente sobresaliente, aunque ya por desgracia y con el tiempo ya no parece atemporal. En webs internacionales expertas en cine se le da un 8 sobre 10, lo que corrobora los merecidos halagos a su dirección y equipo. A continuación os dejo la película y un detallado articulo sobre ella.
 
35 minutos. Es el tiempo que necesitó Antonio Mercero para desarrollar una de las obras maestras de la televisión española. Concretamente, una de las obras maestras del terror psicológico. Algo más de media hora que pega el culo al asiento, retuerce, enfurece y crea desasosiego. Todo comenzó en 1972.
(Ver ‘La Cabina’)
Un pequeño favor
Aquel año, José Luis Garci, Horacio Valcárcel y el citado Antonio Mercero se reunieron. El motivo era consumar un original y ambicioso proyecto que se titularía 13 pasos por lo insólito. Pese a que no llegó a realizarse, Mercero insistió a los directivos de RTVE (Radiotelevisión Española) que aceptaran un guión escrito por Garci y él mismo, a partir de un relato corto del escritor Juan José Plans –al que también debemos la historia que dio píe a la magnífica ¿Quién puede matar a un niño? (1976)-. Finalmente obtuvo luz verde gracias al éxito que estaba teniendo su serie Crónicas de un pueblo (1971-1974) en TVE (Televisión Española). Así, como un favor, surgió La cabina.
La elección del actor protagonista era muy importante, pues éste soportaría sobre sus hombros todo el peso de la función. Además, la elevada carga de tensión que querían imprimir al relato necesitaba de un intérprete con suficientes registros para que resultara creíble. Junto a Garci, Mercero se puso en búsqueda y captura del protagonista idóneo, y como curiosidad, fue en un viaje a Nueva York, subiendo a la Estatua de la Libertad, cuando les vino a la cabeza el nombre de José Luis López Vázquez (1922-2009). Estrella reconocida de cine y teatro, aceptó el papel sin pensarlo dentro de la etapa más prolífica de su carrera; en 1971 trabajó en más de una decena de títulos, en su mayoría comedias que nada tenían que ver con lo que sería, posiblemente, la mejor y más recordada interpretación de su carrera.
Cabina Kafkiana
Un ciudadano común y corriente queda atrapado en una cabina telefónica. Al principio no le da importancia, pues lo acepta como un golpe de mala suerte cotidiano. Pero, a medida que pasa el tiempo y no logra salir, la angustia se cebará con él. Tampoco ayuda que nadie, ni transeúntes ni profesionales, consigan abrir la puerta. La cabina se convierte minuto a minuto en una trampa, un mecanismo diabólico que no responde ante la lógica. Indestructible. Sin salida.
Cada escena y cada plano del metraje están aprovechados al máximo. Se va al grano desde el primer minuto y a partir de ahí asistimos a un imparable in crescendo en el que cada cual debe sacar sus propias conclusiones. ¿Se ve con optimismo o con desesperanza? ¿Conseguirá salir o su futuro pinta definitivamente negro? ¿Qué explicación hay para su encierro, si es que existe alguna? ¿Habrá alguien detrás moviendo los hilos? Precisamente, la crítica de la época no se puso de acuerdo con el mensaje. Se llegó a asegurar que se trataba de una crítica de la dictadura franquista o incluso una alegoría religiosa. Sin embargo, sus creadores, muy acertados, nunca desvelaron su intención ni mensaje, dejando al público que pensara y analizara a su modo.
El 13 de diciembre de 1972 se estrenó en La 1 (TVE) y, aunque con buenos índices de audiencia, parte del público parecía no estar preparado para sacar sus propias conclusiones. Hubo opiniones de todo tipo, pero no dejó indiferente a nadie; se registraron numerosos casos de personas con miedo a entrar en las cabinas telefónicas por temor a quedarse encerrados.
Los premios no se hicieron esperar, consiguiendo, entre otros, el Emmy al mejor telefilm, el Quijote de Oro de la crítica española al mejor director, el Fotogramas de Plata televisivo al mejor actor o el premio al mejor programa dramático del canal 47 de Nueva York. Además, consiguió distribución mundial, algo que no había obtenido hasta el momento ninguna otra producción española. Las posteriores emisiones y ediciones en VHS y DVD incrementaron su fama y reconocimiento, hasta llegar a considerarse una obra de culto.
Otras curiosidades
Debido al miedo que tenían muchas personas por entrar en cabinas telefónicas, la empresa Telefónica contrató a José Luis López Vázquez para protagonizar varios anuncios. En uno de ellos, el actor entraba en una cabina en la que quedaba encerrado, pero al fin conseguía salir. Similar era el anuncio de Retevisión, ya en 1998, según el cual Vázquez se encontraba en el desierto encerrado en una cabina que, de repente, se abría dejándole libre. Se trataba de una metáfora sobre el fin del monopolio de Telefónica. El caso es que no se pidió permiso por los derechos de “La cabina” y Mercero interpuso una demanda contra Retevisión. Los directivos aceptaron el plagio y no se llegó a celebrar juicio.

Las mentiras y leyendas del poder naval del Imperio Español

Os dejo este artículo imprescindible titulado "La amnesia internacional sobre el Imperio Naval español. La necesidad de Historia", a partir de ahora de Javier Noriega en el blog bastante competente y objetivo de Historia Arqueología Naval de ABC, "Espejo de Navegantes". Con fuentes documentales y citando obras, muchas de hispanitas extranjeros pero objetivos como John Elliot. Aparte se recomiendan varios obras muy útiles para el estudio del imperio español en América. Dejo el artículo completo pues no tiene ningún desperdicio por su rigor y calidad.
 
La amnesia internacional sobre el Imperio naval Español. La necesidad de historia
 
“No he querido saber, pero he sabido”. Javier Marías
“Las consecuencias de adherirse demasiado estrechamente a un pasado inventado o distorsionado pueden llevar con facilidad al desastre“.
John Elliot
“En la construcción del pasado a menudo se intercalan recuerdos imaginarios o memoria espuria o falsa (false memories), que pueden provenir de diversas fuentes, como relatos de otras personas, novelas o películas o como simple resultado de la imaginación. A este fenómeno lo denominan los neurólogos “amnesia de fuentes”.
 “Sed un pueblo, olvidad todo lo que no sea la grandeza de Inglaterra. Yo os daré el ejemplo. Yo se que puedo salvar a Inglaterra, y que nadie más que yo puede hacerlo”. Con este tono y esta seguridad el señor Pitt se dirigía vigorosamente al parlamento inglés, como parece que hizo a lo largo durante toda su vida. Y a tenor de sus resultados, parece que no le fué del todo mal.  Su convicción, su ideología, su política transformó el rumbo de la historia para esta nación que llamaba a las puertas de una nueva era. Incluso llego a planificar  por primera vez en la Historia de Inglaterra, toda una estrategia en donde sus peones, a modo de una guerra que se transformaba en mundial, se movían por un tablero global. Un damero en el que resultaba fundamental el dominio del mar y la victoria en los teatros no europeos de la guerra. Aquellos teatros en los que desde hace siglos se hablaba Español. Pero antes existía un pequeño escollo. Para aspirar a dominar buena parte del mundo era necesario obtener un dominio indiscutible en un mar donde, a mediados del siglo XVIII, sólo la escuadra española podía ser aún una amenaza. La generación formada bajo Pitt produjo marinos como Nelson o Collingwood, militares como Wellington, exploradores como el capitán Cook y políticos como su propia dinastia, la de los Pitt. Con ella podría decirse que empezaría una nueva era…
Resulta que durante siglos, los españoles construyeron a lo largo de millones de kilómetros cuadrados todo un imperio. Con el descubrimiento del nuevo mundo, los exploradores Españoles abrían la puerta a un horizonte de futuro. Un nuevo orden internacional. En este cuestión, es especialmente interesante la visión del prestigioso catedrático regio de la Universidad de Oxford, John Elliott. El reconocido historiador ha explicado en diferentes momentos las similitudes, así como las diferencias que generaban los imperios hegemónicos Británico e hispano en el orbe mundial. Elliott explica cómo las estructuras políticas, económicas y sociales de la América española y de la británica acabaron pareciéndose a pesar de las diferencias que las separaban, y cómo todavía influyen en la América del siglo XXI. Imperios del mundo atlántico, un relato de la colonización europea de las Américas. Un análisis experto en el que se combina la investigación en profundidad con una narración de lectura apasionante. Un pasado que incide profundamente en el presente actual. Y sin embargo, historiadores como Elliot, desde el propio mundo anglosajón, nos habla del olvido de la causa Española en la actualidad. La cuestión de la amnesia sobre el imperio hispano, curiosamente lo califica como de cierta timidez.
“History in the making”. Firmas del libro por parte de su autor, el historiador John Elliot
Durante los días 20 y 21 de Enero,  la Universidad de Southampton organiza el encuentro internacional; “Repensando los Imperialismos del siglo XVIII”. El centre of colonial studies, un prestigioso instituto que entiende la historia como un ente vivo y analiza pormenorizadamente en asuntos que inciden poderosamente en la actualidad, decidía centrarse en tan apasionante siglo. A pesar de la calidad de mucho de los ponentes, propio de la institución, al leer detenidamente los speaker y los temas seleccionados respecto al poder en el siglo XVIII, sorprende la inexiste huella de lo hispano, principalmente por la inexistencia de sus interlocutores.
Repensando los imperios en el Siglo XVIII. Encuentro internacional del 20 y el 21 de Enero 2015
España parece a tenor del programa, no existió. Y era curioso, porque en aquella época, los dominios del Imperio español alcanzaban los 20 millones de kilómetros cuadrados en el mundo. Era uno de los grandes. Y eso que los periodos de mayor apogeo quedaban atrás. Durante  los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe IV,el Reino de España posiblemente sería el estado más influyente y preponderante del mundo. Y mantendría su poderoso influjo durante mucho tiempo, incluso en su nostálgica decadencia, o incluso en su influjo sobre las culturas hermanas de las Américas. Pues bien, este Imperio hispano ”en el que no se ponía el sol”, parece no tener cabida en este think-tank sobre la cuestión colonial. No es la única ocasión en que no encontramos esta realidad.  ”Lástima que sobre la cuestión no este ningún español para hablar del tema”, espetaba en las redes socials Jesús Calero. “Siempre hay lugar para el encuentro”. Y realmente siempre suele ser enriquecedor tratar esto de repensar entre todos. Máxime en cuestión humanística. Si me apuras, en esta cuestión de los Imperios en el siglo XVIII, incluso con un sueco de por medio. Principalmente porque por aquel entonces la casa real sueca marca tendencia en el báltico. Formaba lo que se puede denominar un imperio basado en el dominio de la mar, como en buena parte también ocurría con el Español en otras áreas de influencia mundial. Es interesante dar a cada uno en su sitio en la historia. Contar siempre los puntos de vista de otras fronteras es enriquecedor. Aquí y allá. Ya se debata en nuestro país o en cualquier otro. Pero en el caso de tratar el asunto de Los Imperios en el siglo XVIII, contar con sus especialistas se torna en crucial. Principalmente para que como decía Elliott, no demos lugar a un pasado distorsionado.
Una amnesia intencionada.
“Para escapar del confinamiento de su continente y marea circundantes, algunos Europeos (léase españoles, también portugueses) intrépidos se aventuraron en el océano, un ámbito peligroso, a la conquista del mundo. La exploración militar, comercial y religiosa sus principales objetivos, que son por primera vez en la historia, conceptos globales. Mundiales. Son palabras, en esta ocasión, de otro profesor emérito, concretamente de la Roosevelt University de Chicago. Daniel Headrick, “en su navegación en los océanos hasta 1800″ deja bien claro el orden y el influjo de los creadores de futuros imperios. Y lo hace con “Poder e Imperio”, un manual que  llena las estanterías de la blackwell de Holborn en Londres, la casa del libro o la librería express de la estación de Atocha. Otro recién “repensamiento” de los Imperios y las fluctuaciones del poder, en el que si se tiene en cuenta algo obvio. Es difícil pensar poder dibujar un horizonte del siglo XVIII en cualquiera de sus facetas, sin imaginar el influjo de la Real Corona Española. Era la clave de su tiempo.
El poder y el imperio. Daniel R. Headrick
Cuestión de poder. Es como si a día de hoy hiciésemos un curso en la Universidad Menéndez Pidal, que hace cursos y muy buenos, y al  ”Repensar los Imperios (que podría denominarse estrategias políticas globales) del siglo XX, sencillamente no dispusiésemos en la esfera como protagonista a Estados Unidos.  Y entre las dos guerras mundiales, la guerra fría y el actual orden internacional, para explicar todo este jaleo no traemos a ningún americano. ¿Se podría explicar el Imperialismo en el siglo XX sin y desde el caso Estadounidense?. Pues difícilmente se podrá repensar un siglo XVIII sin el caso Español. La moneda, las personas, las rutas de intercambio, incluso los mapas que utilizaban esos marinos que siglos más tarde llegaban a aquellas aguas, “repenssando”, y también “renombrando” las islas y archipiélagos que iban encontrando tras miles y  miles de millas de navegación. No deja de ser paradójico que hace dos días, un 18 de Enero, fuese el día en el que oficialmente el insigne capitán Cook redescubriera, como si hubiese sido el primer marino en llegar a esos lejanos parajes, el camino, el rosario de esas islas y esos mares hispanos que doscientos años antes ya dibujaban y nombraban como el Pacífico Español. Pero aún más paradójico, que un día tal como hoy, el 22 de Enero de 1565, en el Océano Pacífico, la armada de Miguel López de Legazpi, fondease en aguas de la isla de Guam y tomase posesión de ella en nombre del rey Felipe II. 200 años antes de que Cook navegase por esas mismas aguas.
Desde Santo domingo a las Islas Marianas. Dese el Cabo de San Agustín a las Carolinas. Cabos, estrechos, lejanos islotes y paradisíacos territorios llevaban nombres Castellanos o portugueses. Muchos de los cuales, al pensar que se descubren de nuevo por primera vez, se les denomina con nuevos nombres, muy diferentes de su bautismo de origen…
Carta de New Zelanda, explorada en 1769 y 1770, por el teniente James Cook, comandante de su majestad a bordo del Endeavour,.
Carta de New Zelanda, explorada en 1769 y 1770, por el teniente James Cook, comandante de su majestad a bordo del Endeavour,.
Ya lo clamaba John Elliott, y desde hace tiempo por estos lares, el Museo naval, las cátedras de América de diferentes universidades, el CSIC y la Real Academia. acompañados por notables investigadores Españoles. “La corona de España no tiene el reconocimiento que se merece en la historiografía actual”.  El imperio español, con sus navegantes, sus barcos, sus políticas, fue el primer fenómeno globalizador de la historia, con el valor cultural que supone la cuestión, sentencian. Será cuestión de las decadenciasEn su último libro España, Europa y el mundo de ultramar (1500-1800), publicado por Taurus, el oxoniano repasa las nuevas reglas de orden internacional que influirán durante esta época en la política y el orden social de cada uno de los ciudadanos que vivían en Europa. En buena medida, el nuevo mundo que descubría España influía y marcaba tendencia sobre el viejo mundo, ese que rodeaba a cada uno de las potencias Europeas. Sin lugar a dudas esa sería una de las claves para repensar la edad moderna, profundamente marcada por esta dicotomía. La del nuevo y viejo mundo. En ambos, España era vanguardia.
El viejo y el nuevo mundo. John Elliot
Las palabras de Elliott pesan en un país en el que “no ha estado de moda” hablar, reconocer en su sociedad nuestro pasado Imperial. Sin sentimentalismos ni glorias. Desde el necesario punto de vista objetivo y científico. “Falta una inteligente promoción del Descubrimiento. La gente aquí está un poco tímida”. Con lo de “la gente aquí”, se refería a España. Con lo de tímido, habría que preguntárselo. Posiblemente que no hemos alzado la voz lo suficiente, especialmente desde las gobernanzas y el mundo administrativo, en la materia. Posiblemente, porque en nuestro país, por extraño que pudiera parecer desde fuera de nuestras fronteras, pareciese que existan importantes problemas a la hora de ponernos de acuerdo actualmente con el término nación o simplemente de país. El momento actual en el que nos encontramos,  hablar de Imperialismos, no es que hayan dejado estar de moda. Sencillamente es que se encuentra a años luz del debate de un país. “Pobres, ilusos historiadores que pretenden adentrarse en el pasado para hacer justicia poética. O simplemente intentar rastrear el hilo de eso llamado realidad”.
 
De este modo, en los últimos años, la temática del recuerdo, de la suplantación y del olvido del Imperio naval Español es una constante. La pregunta primordial es ¿porqué desde la historiografía internacional, se otorga una  ”gran desmemoria histórica” hacia la nación que dibujo el mundo?. La solución parecería ser la relación historia y poder. Así de sencillo y así de complejo. Mediante la manipulación de la historia, en este caso, mediante la jibarización de la historia naval y marítima de España (que va de la mano de su expansión Imperial), se menoscaba su influencia, sus raíces, que sirven para proyectarse en el futuro. En palabras de Le Goff, que explica mucho mejor la cosa; ¨“Las sociedades humanas viven de su pasado. Para salvaguardar ese pasado  tienen dos instrumentos a su disposición: la memoria y la historia. La memoria, en la que se basa la historia y a la que a su vez alimenta, no busca preservar más que para servir al  presente y al futuro. La historia se despliega sobre la racionalidad y la verdad del pasado”. Quizás para hablar de Imperios baste con hacer el recuento de kilómetros cuadrados sobre los que tenía competencia la Corona Española. Quizás baste con preguntar simplemente a la historia.
El siglo XIX vió afortunadamente emerger la historia por doquier. Se convirtió en una materia que se enseña en la escuela y en la Universidad. En la actualidad tiene sus especialistas, los historiadores y los profesores de historia, formados siguiendo métodos “científicos” y esforzándose, a pesar de las dificultades, en perseguir la objetividad y buscar la verdad. Afortunadamente las escuelas de historiadores de las recientes generaciones, ya estén formados en Oxford, la Sorbona o en la Complutense, gozan de una mayor amplitud de miras que hace unas décadas, cuando se debatía sobre la cuestión del Imperialismo. Entre una de las cuestiones que ellos tienen clara, es que el poder político se ha de mantener a distancia  de la constitución de la historia y de la memoria que de ella se deriva. La historia es lo suficiente importante como para dejarla a cargo de los investigadores y a los profesionales. En el momento en el que nos encontramos que este poder político interfiere en el estudio de la historia, nos encontramos con intereses diferentes a los científicos y objetivos de la historia o de la propia arqueología como fuente de la historia.
Grabado en el que se caricaturiza lo esfuerzos de Pitt ante los presupuestos en el parlamento inglés.
En la cuestión naval, históricamente nos encontramos algunas claves sobre la decadencia de nuestro Imperio. Una de ellas es la figura y dinastía de William Pitt y su escuela, un personaje clave que cambia las agujas de la historia. Su postura, apoyar siempre la formación por parte de Inglaterra de un imperio ultramarino para asegurar el poder inglés y en consecuencia menoscabarael Español. ¿Una obsesión? o simplemente una geoestrategia, convertida en  inflexible credo ideológico y de gobierno. Y es curioso. La figura de esta dinastía de políticos británicos es muy desconocida por la sociedad en general, los curiosos, e incluso por los propios estudiantes de historia, al menos por nuestra tierra. Posiblemente él, fue uno de los protagonistas y actores del auge y declive de las políticas y el status quo del momento. Otro de los grandes en esto de los influjos  imperiales de la época, ese que hay que repensar en las Jornadas de Southhampton de hoy y de ayer, aquí y ahora. Y así, repensando, volviendo al pasado. nos encontramos con un Pitt que demanda al parlamento inglés en los siguientes términos;
La América española desea que la Inglaterra le ayude a sacudir la opresión infame en que la España la tiene constituida…En esta situación, pues, la América se cree con todo derecho a repeler una dominación igualmente opresiva que tiránica y formarse para sí un gobierno libre, sabio, y equitable; con la forma que sea más adaptable al país, clima e índole de sus habitantes, etc. Tanto más que en ello no se usurpa, ni hace la menor injusticia a los Reyes de España, que todo el mundo sabe cuan poco contribuyeron a los gastos del Descubrimiento del nuevo mundo, y en nada seguramente para las conquistas…
La América tiene un vastísimo comercio que ofrecer con preferencia a la Inglaterra; tiene tesoros con qué pagar puntualmente los servicios que le hagan, y aun para pagar una parte esencial de la deuda nacional de esta Nación; por cuyas razones, juzgando de mutuo interés estos importantes asuntos espera la América que, uniéndose por un pacto solemne a la Inglaterra, estableciendo un gobierno libre, y semejante, y combinando un plan de comercio recíprocamente ventajoso, vengan estas dos naciones a formar el más respetable y preponderante cuerpo político del Mundo.”
Primera solicitud formal hecha por Francisco de Miranda al gobierno de la Gran Bretaña para obtener su ayuda en la realización de la independencia de la América hispana, en consecuencia de la conferencia tenida en Hollwood, con William Pitt el 14 de Febrero de 1790.
“Rethinking” el siglo XVIII Español
Y el siglo XVIII fue un siglo de reformas para el Imperio Español, lo suficientemente importante como para ser protagonista de un momento de reflexión. La Marina Real, reorganizada profundamente, se convirtió en pieza esencial de la política de los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III. Una marina que cumplió sobradamente con lo que se esperaba de ella: guardar adecuadamente la extensión territorial del imperio ultramarino español.  En 1719 había sólo 26 navíos de la Línea para defender el imperio colonial más grande en el mundo conocido. Ese que en ocasiones no interesa repensar, pero en el cual diariamente las letras y los pensamientos de una cultura, la hispana, fluía con sus cotidianos movimientos de diástole y sístole sobre todos sus ciudadanos. Tras las reformas de Gaztañeta, su doctrina dotaba al imperio de mayor velocidad, maniobrabilidad y potencia de fuego. Clase esta, la de Gaztañeta, que por cierto gozó de una muy popular opinión entre los británicos. El comportamiento del Glorioso en 1747, del cual Arturo Pérez Reverte nos dejaba recientemente una perla escrita en el propio espejo de navegantes, a consecuencia del magnífico cuadro de Ferrer-Dalmau. La resistencia de aquel buque en aquel encarnizado combate, constituye una prueba fidedigna de las buenas dotes del buque de la época. Pero además de magníficos ingenieros, y mejores buques, el monarca supo rodearse de personas preparadas que impulsaron la creación de una nueva Armada. José Patiño impulsaba la construcción de los astilleros de Cádiz y Ferrol, así como de sus arsenales. Astilleros y bases de reconstrucción y preparación de la Armada que seria continuada por el marqués de la Ensenada. Con esta política naval se pusieron en marcha nuevos planes expansionistasa y de mejoras en todos los ramos de la administración del Estado. En consecuencia, de una profunda revitalización del Imperio. En el siglo XVIII, puestos a repensar, recordemos que en 1741 cabe destacar eso que algunos olvidan, no se porqué tipo de amnesia parcial o total, como fue la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo, que entre otras cosas tuvo como consecuencia y significado la estabilidad de la zona marítima y de su tráfico marítimo durante un buen tiempo.
Recreación de una fragata. 1717, 1750.
Pero no queda así la cosa. En el siglo XVIII, se reanudan las expediciones náuticas y científicas, con la importancia de estas: la de  Jorge Juan y Ulloa para la medida del arco de meridiano, para así comprobar la forma del globo terrestre. Tofiño elabora el Atlas con numerosas cartas náuticas de España, norte de África y de la costa oriental de América del Sur. En la costa noroeste de América, se explora la costa de Alaska alcanzando los 60° de latitud norte, en América del Sur se explora la Patagonia y se cartografía la costa del Pacífico por Malaspina y Bustamante, desarrolla en su viaje científico, un importante recorrido por los océanos Atlántico y Pacífico entre 1789 y 1794.Cuestiones vitales para un siglo XVIII. Cuestiones objetivamente notables para un historiador, a la hora de repensar un siglo XVIII, so pena de olvidar o manipular una parte importante de la historia mundial.
Las razones del dominio y las presencias actuales de la “ola del recuerdo”,  marcan una de las marcas de identidad del presente blog, espejo de navegantes. Como muestra un botón. Hoy hablamos del olvido como Imperio, ya sea en los congresos internacionales o como por parte de la historiografía. Ayer con el  “factor olvidado; la armada española en la independencia de los Estados Unidos” de José María Lancho, nos encontramos de nuevo con la amnesia, una que afecta a una franja de nuestra historia. Exactamente la cuestión referente a la valiosa ayuda de España a la guerra de la independencia norteamericana, que sin embargo no es reconocida. ¿Para cuándo la ola del recuerdo?.  Para Fried, en el centro de una reconstrucción histórica de la “memoria cultural” esta la cuestión de la transmisión del saber en el ámbito cultural, personal y temporal. ¿Qué habría que hacer para descorrer ese velo de la amnesia con la cuestión Española?. Los historiadores nos hablan claramente del estudio, del estricto conocimiento del contexto histórico de la época, de los hechos y de cuando data el “recuerdo”, para poder llegar a un control más eficaz de la veracidad del relato. Así lo primordial ya no sería la pregunta del que se recuerda, sino del como se recuerda. La intención, sería la de establecer un diálogo interdisciplinar entre las ciencias históricas, como magistralmente nos recordaba recientemente Antonio Muñoz Molina en su magnífico artículo, “ La necesidad de historia”. Historia en este caso también naval. La gran olvidada.
“La leyenda negra sigue, desde luego”, comentaba recientemente John Elliot, !y es previsible que lo haga durante un tiempo¡”. Hasta que se imponga la objetividad científica; es de esperar, comentaba con sorna británica, que cierto equilibrio se imponga antes de llegar al 600 aniversario del Descubrimiento de América..“. Quizá sea cuestión de timidez, como él dice. Habrá que llamar poderosamente a la puerta del olvido, lleva demasiados años cerrada, en medio de este caótico y trágico siglo XX que ha perturbado los marcos de la memoria, atacando el monopolio de los historiadores. Y de la ciencia.
 Mapa de los descubrimientos
 
 
        

Pecios de la I Guerra Mundial en el litoral alicantino

Aunque tenía constancia de ello, os dejo este artículo integro de "La Verdad" para que conozcáis la historia de estos buques que fueron hundidos por submarinos alemanes, principalmente por el U-64.
 
Seis buques de la primera Guerra Mundial hundidos en La Vila
 
Dos buzos en uno de los barcos hundidos. / r. a.
El Ayuntamiento hace inventarios de estos buques torpedeados por los submarinos alemanes cuando se acercaban a la costa en busca de refugio
Las aguas del litoral de Villajoyosa albergan en sus fondos seis barcos mercantes hundidos en la I Guerra Mundial por un submarino alemán y que ahora son inventariados, según informaron ayer fuentes municipales. Esos seis buques, de banderas inglesa, italiana, noruega y americana, fueron torpedeados cuando se acercaban al litoral español buscando protección.
Los barcos aliados usaron la costa mediterránea durante la Gran Guerra como ruta de tránsito dada su neutralidad en esa contienda. Por eso, los comandantes de los submarinos alemanes la incluían como uno de los puntos principales de «caza».
El submarino alemán que hundió estos seis mercantes que descansan en el fondo acuático de Villajoyosa , el U-64, estaba al mando del teniente Robert Morath, según los datos recopilados.
El primero en caer fue el vapor 'Owasco', de bandera americana y destinado al transporte de carga y pasajeros. Con sus 4.630 toneladas y 122 metros de eslora, cubría la ruta Norfolk-Génova, cargado con 50.000 barriles de gasolina. Fue torpedeado el 10 de diciembre de 1917 y se hundió en apenas 25 minutos.
Ese mismo día, el U-64 también torpedeó el 'Crathorne' -de 2.752 toneladas y 93 metros-, un vapor de carga noruego que también viajaba a Génova, en su caso procedente de Baltimore (EEUU).
Un día después, el 11 de diciembre, los torpedos del submarino alemán alcanzaron los 76 metros de eslora del vapor inglés 'D.A. Gordon', que transportaba de Marsella a Melilla grano y carbón, entre otras mercancías.
También el 11 de diciembre, el vapor 'Minorca', de bandera italiana y 68 metros de eslora, fue objetivo del U-64 cuando cubría el trayecto entre Génova y Cartagena.
El U-64 volvió a hacer estragos en aguas cercanas a Villajoyosa el 4 de febrero de 1918. Ese día dio caza a otro buque de carga italiano, el 'Participation', de 92 metros y 2.440 toneladas, que se dirigía desde Sicilia a Liverpool cargado de naranjas y limones.
Por último, un días más tarde, el submarino alemán acabó con el 'Caprera', un buque mixto para el transporte de carga y pasajeros, también italiano y de 93 metros.
Desde el Ayuntamiento destacaron que el «patrimonio subacuático» de Villajoyosa permite «recorrer la historia», ya que sus fondos albergan desde el pecio romano 'Bou Ferrer' -data del siglo I y es el primer Bien de Interés Cultural (BIC) subacuático de la Comunidad Valenciana y el más importante del Mediterráneo- hasta estos seis buques mercantes de la I Guerra Mundial.

domingo, 1 de febrero de 2015

Murió Otto Carius, el último as de los Panzers

Una noticia muy triste, aunque Otto ya era muy mayor. Falleció el pasado 24 de enero, pero en medios importantes se ha tardado varios días en anunciar. Yo sabía de él, aunque ahora me arrepiento de no haberme hecho en su día con su obra "Tigres de barro". Su principal mérito militar fue participar en el frente del Este y haber destruido más de 150 tanques, cosa comprobada al menos hasta los 100. Me enteré de su fallecimiento de casualidad y viendo el diario "El País". Pese a su vena progre y políticamente correcta, le dedica un artículo pasable. Detrás del artículo pongo una entrevista que José Antonio Márquez le realizó en la primavera de 2012 y publicada en su blog "Héroes de guerra", donde habla de sus cifras y puede verse su gran humildad. También adjunto al final su lista de condecoraciones.
 
  
Otto Carius, tanquista del ejercito aleman en su carro Tigre
El sargento Don Collier, ficticio protagonista de Fury (Corazones de acero) encarnado por Brad Pitt, y toda la tripulación de su Sherman, dormirían hoy más tranquilos. Ha muerto Otto Carius, el célebre tanquista alemán que fue uno de los mayores ases de los panzer de la II Guerra Mundial, con 150 blindados aliados —principalmente soviéticos— destruidos en su lista oficial.
Carius, uno de los pocos supervivientes de la élite del arma acorazada alemana, cuyo índice de bajas era altísimo, falleció el pasado sábado con 92 años en Herschweiler-Pettersheim, donde regentaba una farmacia, a la que le había puesto el nostálgico —para él, aunque seguramente desconcertante para los clientes— nombre de Tiger Apotheke.
Leyenda viva (hasta ahora) de la II Guerra Mundial, poseedor de la muy exclusiva Cruz de Caballero con hojas de roble, Carius era una fuente excepcional para los historiadores y sus memorias de combate, Tigres en el barro (Tiger im Schlamm, 1960, publicada en castellano en 2012 por Platea), constituyen uno de los testimonios personales más importantes de la guerra de blindados (aunque sus páginas no deparan precisamente buena literatura).
Es autor de un célebre libro de memorias, ‘Tigres en el barro’
Junto a consideraciones tácticas, observaciones técnicas (la disposición original de la escotilla de la cúpula del Tiger favorecía que te volaran la cabeza) y descripciones de luchas devastadoras, hay anécdotas como que los tanquistas no se cambiaban a menudo de ropa interior o que estaba muy reglamentada la bajada del tanque a aliviarse, a causa de los francotiradores. Siempre existía el peligro de que te aplastara tu propio tanque si te descuidabas. A Carius casi le pasa al dormirse y caerse de la torreta.
Bundesarchiv Bild 146-1979-064-06, Otto Carius.jpgLuciendo Cruz de Caballero en uniforme de verano
 
Menos jaleados por la propaganda nazi que sus camaradas de la aviación y hoy menos conocidos del gran público que los ases del aire, los grandes tanquistas alemanes (de los que no hay que olvidar en estos días de Auschwitz que lucharon por un régimen asesino) protagonizaron episodios tremendos y mostraron a menudo, no puede negarse, un coraje extraordinario. Sin duda había que tenerlo para luchar en sus máquinas, que a menudo se convertían en ardientes ataúdes de acero dispensando una muerte atroz a los tripulantes. Otros de los grandes carristas alemanes la sufrieron, esa muerte, como el as de ases Kurt Knispel, al que se atribuyen casi 200 tanques destruidos, y que cayó cuando trataba de escapar de su King Tiger en llamas, o el más mítico de todos los tanquistas, Michael Wittmann, que en Villers Bocage, en Normandía, destruyó 27 blindados británicos ¡en menos de cinco minutos!, y fue cazado luego por un Sherman Firefly que hizo volar la torreta de su Tiger a varios metros; a Wittman se le reconoció por los dientes postizos. Más suerte tuvo el crac de los Panther Ernst Barkmann, que sobrevivió a la guerra, incluidas Kursk y las Ardenas, para devenir… bombero.
No parecía destinado a ser un héroe: fue rechazado dos veces por enclenque
Carius, de rostro aniñado y aspecto enclenque, no parecía destinado a convertirse en un héroe de guerra. De hecho, cuando se quiso alistar al empezar la guerra lo rechazaron dos veces por falta de peso. Aceptado al final en infantería en 1940, se pasó como voluntario a los panzer, algo que le había prohibido expresamente su padre, oficial en el Ejército. “Nunca me arrepentí”, escribe en sus memorias. Sus primeras experiencias bélicas las tuvo en la invasión de la URSS como cargador a bordo de un P-38 t de factura checa. En su libro anota la impresión que le causó el primer ruso muerto. La primera herida —metralla en la cara y dientes rotos— ya la sufrió en julio de 1941 al recibir su tanque un impacto de un contracarro ruso que le voló un brazo a su operador de radio.
Carius explicaba la fea sorpresa que se llevaron los alemanes al toparse con los primeros T-34, su acceso en 1943 a los Tiger, esos monstruos de 60 toneladas y cañón de 88mm, a los que veneraba (un capítulo del libro se titula Elogio al Tigre) y con los que despegó su carrera de tanquista, que llegó a su cénit en el 502º Batallón de Carros Pesados. El frente norte, con Leningrado y la sangrienta batalla de Narva son los principales escenarios de Tigres en el barro, por cuyas páginas atraviesan Model o el conde de los tanques graf Hyazinth (¡) Strachwitz. Carius fue alcanzado varias veces más, en su Tiger y, la ocasión más dramática, en una motocicleta cuando hacía un reconocimiento en una granja rusa: lo acribillaron, incluidas cuatro balas en la espalda, y un oficial soviético trató de rematarlo con otro tiro en el cuello. Tras restablecerse en un hospital, sirvió en un batallón de Jagtiger, el pesado cañón de asalto alemán, contra los estadounidenses (a los que denuesta como malos combatientes), en la Bolsa del Ruhr. Luego, en la defensa del Rin, se rindió a Estados Unidos.
Hombre con suerte, Carius no solo sobrevivió él sino que lo hicieron también su padre y hermano militares. De la popularidad de Carius da fe que uno de los modelos de la conocida firma de maquetas Tamiya es su Jagtiger personalizado. También hay un cómic japonés que traslada a las viñetas sus memorias.
Anticomunista furibundo y defensor a ultranza del “honor del soldado alemán”, al que consideraba vilipendiado tras la guerra (“lo dimos todo por Alemania”), Carius conservaba intacta su devoción por la Wehrmacht y los panzer (añoraba el “aroma de carro” a gasolina y aceite usado), y aseguraba que él había sido un soldado “apolítico”, que luchaba por la patria y los camaradas y no por el Gobierno y Hitler. Que —pese a las novelas de Sven Hassel— a alguien crítico con el régimen no le hubieran dejado conducir un Tiger es obvio, como lo es cuando lees sus memorias que Carius no fue un hombre muy sensible al horror de la guerra ni a las atrocidades que se veían por doquier en el frente del Este. En cambio se pone a llorar por la pérdida de “tres de mis fieles Tiger”: triste por tres Tigres, qué cosa.
En realidad, Carius habla muy ambiguamente de los oficiales del complot del 20 de julio, y le vemos conversar en su libro amigablemente con Himmler cuando este le impone la Cruz de Caballero. Es cierto que no aceptó su oferta de pasarse a las Waffen SS y que en un episodio en Vilna se declara “conmocionado” por la destrucción de los comercios judíos. También parece que, ya mayor, no toleraba las visitas a su farmacia —en la que hablaba amigablemente de tanques— a los que iban con afanes fachas o neonazis. De natural modesto, el viejo tanquista reconocía que en realidad no había destruido mucho más de un centenar de tanques. En fin, Tigres al barro, y polvo al polvo.
 
Entrevista a Otto Carius
 
Aquí Otto tenía 90 años, muestra orgulloso su cruz de Caballero y es curioso su gusto por maquetas bélicas, como puede verse en la estantería del fondo
 
Con motivo del tremendo interés que suscitó tiempo atrás la entrevista que realizamos a Otto Carius el año pasado, volvemos a retomar de nuevo este interesante documento que fue utilizado en la edición de este extraordinario libro llamado: CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO EN GUERRA, en la que aparece la excelsa biografía de este tanquista, uno de los mejores de la 2ª Guerra Mundial.

Nuestro amigo y colaborador Marc Moreno Nualart (moderador del grupo de Facebook GRUPO DE DIVULGADORES E HISTORIADORES DE LA 2ª GUERRA MUNDIAL) llevó nuestras preguntas directamente a este extraordinario militar y mejor persona. A pesar de su avanzada edad recibió a nuestro amigo y tuvo la amabilidad de responder una sinfin de preguntas de las cuales, recogemos aquí la que creemos es la más llamativa:

- Según algunos historiadores y según la prensa y Propaganda Nazi, usted destruyó en torno a los 150-160 tanques enemigos. ¿Es real esa cifra?

Una pregunta sencilla y directa que también, como no, acabó desviándose y hablando del mejor de los tanquistas (teóricamente de la 2ª Guerra Mundial), Kurt Knispel. Otto Carius fue categórico y sincero. A pesar de sus años, aún se ve la pasión en sus ojos, y la más pura sinceridad que emana de sus labios:

- Esas son cifras exageradas. Como mucho llegué a destruir 100-110 tanques, y mis cifras fueron infladas por el Ministerio de Propaganda Alemán. ¿Las cifras de Knispel? Pura propaganda. Tuve ocasión de conocer a miembros de su tripulación en Rusia y ellos mismos me reconocieron que no destruyeron más de 60 o 70 tanques.

Ante esta respuesta, el asombro. Y una nueva pregunta que trata de colocar a Otto Carius a la altura que se merece en los Anales de la Historia Militar:

- Entonces, ¿Es usted el mejor tanquista alemán de todos los tiempos y el mejor de la 2ª Guerra Mundial?

La emoción embarga el momento. Otto Carius sopesa unos instantes la respuesta. Sus labios se mueven, y el Caballero de la Cruz de Caballero con Hojas de Roble se comporta como lo que es, un honorable soldado:

- Yo no he dicho eso... tampoco puedo afirmarlo.

- Pero las cifras están ahí... es usted muy modesto...-Atina el entrevistador.

Una sonrisa calida y franca recorre el rostro del veterano. Y después de la entrevista... nos firmó varios ejemplares de CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO EN GUERRA.
 
Condecoraciones de Otto Carius
  • Medalla de herido en negro (8 de julio de 1941)
  • Medalla del Frente Oriental (20 de agosto de 1941)
  • Cruz de Hierro de 2.ª Clase (15 de septiembre de 1942)
  • Cruz de Hierro de 1.ª Clase (23 de noviembre de 1943)
  • Medalla de herido en plata (15 de diciembre de 1943)
  • Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble
    • Cruz de Caballero el 4 de mayo de 1944 como Teniente de Reserva y jefe de sección en la 2.ª Compañía del 502.º Batallón de Tanques Pesados
    • Hojas de Roble el 27 de julio de 1944 como Teniente de Reserva y jefe de la 2.ª Compañía del 502.º Batallón de Tanques Pesados
  • Medalla Panzer en plata
    • 2.º Grado (15 de julio de 1944)
    • 3.er Grado (1 de septiembre de 1944)
  • Medalla de herido en oro (11 de septiembre de 1944)